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Terapia Sistémica: Entendiendo las Relaciones para Sanar

“Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto”

John Donne

Vivimos, a menudo, ignorando que formamos parte de un entramado mayor. Nos vemos como individuos y nos olvidamos que, al fin y al cabo, somos mamíferos que necesitan de otros para sobrevivir y que, aún más importante, nuestra historia empieza antes de que seamos conscientes de su inicio. Por ello, los problemas individuales no deben entenderse de manera aislada, sino como el resultado de dinámicas dentro de un sistema más amplio.

Si observamos las historias familiares, nuestros árboles genealógicos, lo que se ha ido viviendo generación tras generación antes de nuestro nacimiento, podemos ver reflejos de todo ello en nuestra historia personal, no sólo en el parecido de la nariz, la mirada o la altura, sino también en rasgos de personalidad, conflictos emocionales, dificultades y formas de afrontamiento de conflictos.

Cada ser humano forma parte de diversos sistemas a la lo largo de su vida. Todos somos hijos e hijas, pero también pareja, compañeras, amigas, colegas,…. Así, nos relacionamos en la familia, en nuestros trabajos, con las amistades, en el gimnasio y hasta yendo a hacer la compra… Algunos de estos sistemas nos suponen auténticos retos relacionales. Y poner orden a los sistemas y las relaciones es a menudo costoso. En este punto, sería maravilloso poder hacer lo que nos sugiere Marie Kondo para poner orden en nuestras casas y armarios. Vaciarlo todo, revisarlo y quedarnos solo con lo que amamos y sabemos que vamos a seguir disfrutando. Sin embargo, nuestro mundo interior no suele obedecer a estas normas, hay armarios con fondos ocultos, que esconden historias de vergüenza en la familia, o de dolor, otros armarios  con tanta pintura encima, de intentar tapar y cubrir lo que ha acontecido que no sabemos ver ya la versión original y ello puede provocar desequilibrios en nuestra vida. ¿Se trata de buscar culpables? Para nada, se trata de darse cuenta de que no vemos todo lo que hay y que, por ello, hay que ser también más compasivos con nosotros y los demás. Que nuestra historia no es solo nuestra.

La mirada sistema mira al individuo y pone el acento del sí mismo en las relaciones, en cualquier contexto. A menudo nuestro gran reto es ser quienes somos, o intuimos que somos, con los demás, y a pesar de todos nuestros esfuerzos por momentos sentimos que nos tropezamos con alguna pared o piedra invisible que hace que sintamos la sensación de no avanzar. Con esta mirada intentamos identificar esa piedra en el camino para no volver a tropezar.

Dos conceptos claves y dos casos para ilustrarlos

Uno de los conceptos clave en la terapia sistémica es el de homeostasis familiar, que describe la tendencia de los sistemas familiares a mantener un equilibrio, incluso si este es disfuncional. Así hablamos de relaciones tóxicas.

Otro principio central es la circularidad, que indica que las acciones de un miembro del sistema afectan a los demás, creando un ciclo de interacción constante.

Veamos un par de ejemplos.

Caso 1: El desequilibrio equilibrado.

Una familia acude a terapia porque su hijo adolescente, Juan, presenta problemas graves de conducta en la escuela, como agresividad, bajo rendimiento académico y aislamiento social. Los padres están preocupados y no saben cómo manejar la situación.

Contexto familiar

Al explorar las dinámicas familiares, desde una visión sistémica, se puede observar lo siguiente:

  1. Padres con conflictos no resueltos: Los padres de Juan tienen una relación tensa, con frecuentes discusiones y falta de comunicación efectiva. Sin embargo, evitan hablar directamente de sus problemas para "proteger a la familia".

  2. Rol del hijo como estabilizador: Inconscientemente, Juan actúa como un distractor que desvía la atención de los problemas entre los padres. Su comportamiento problemático obliga a los padres a unirse temporalmente para abordar "el problema del hijo". Esto mantiene una homeostasis disfuncional en el sistema familiar.

  3. Falta de límites claros: En la familia, los roles no están bien definidos. Juan asume un rol inconsciente de mediador en el conflicto de los padres, algo que está fuera de su capacidad y responsabilidad como hijo.


Cómo opera la homeostasis disfuncional

El comportamiento de Juan, aunque problemático, mantiene el equilibrio del sistema familiar porque:

  • Permite que los padres eviten confrontar sus conflictos directamente.

  • Refuerza un patrón en el que la atención se centra en "arreglar" a Juan, en lugar de abordar los problemas subyacentes de la pareja.

Intervención terapéutica

En este caso, la terapia sistémica busca romper esta homeostasis disfuncional al:

  1. Trabajar con los padres para abordar sus conflictos de pareja y asumir la responsabilidad de sus dinámicas.

  2. Restablecer los límites generacionales, devolviendo a Juan su lugar como hijo y liberándolo del peso de ser un mediador.

  3. Ayudar a la familia a encontrar nuevas formas de interacción que no dependan de un "chivo expiatorio" para mantener el equilibrio.

En resumen, al cambiar las dinámicas y abordar los problemas estructurales del sistema, el comportamiento de Juan mejora porque ya no necesita expresar el desequilibrio familiar a través de su conducta. Este proceso muestra cómo los problemas individuales pueden ser síntomas de una homeostasis familiar disfuncional que necesita transformarse.

Caso 2: Conflictos de comunicación en el entorno laboral.

Contexto laboral

Una empresa de diseño gráfico tiene un equipo de trabajo compuesto por cinco personas liderado por Javier. El equipo ha estado enfrentando dificultades de comunicación y coordinación en los últimos meses. Los empleados sienten que Javier no les comunica claramente las expectativas, mientras que él considera que el equipo no sigue las instrucciones de manera adecuada. Las tensiones han aumentado, afectando tanto la productividad como el ambiente laboral.

Patrón circular observado

En las sesiones de terapia sistémica organizacional, la terapeuta observa un patrón circular entre Javier (líder) y el equipo:

  1. Javier no brinda instrucciones claras sobre lo que espera de su equipo, lo que genera incertidumbre y frustración entre los empleados.

  2. Los empleados, sintiendo la falta de claridad, realizan su trabajo con interpretaciones propias y no comunican sus dudas o necesidades de forma proactiva. Esto hace que el resultado del trabajo no cumpla con las expectativas de Javier.

  3. Javier, al ver que el equipo no cumple con sus expectativas, se siente frustrado y molesto, y por lo tanto, reduce aún más la claridad en sus comunicaciones y se muestra más autoritario en sus interacciones.

  4. Los empleados, sintiendo aún más presión y falta de dirección, se vuelven más reticentes a comunicarse abiertamente con Javier, lo que perpetúa el ciclo de falta de comunicación y comprensión.

Este patrón se convierte en una espiral de causa y efecto, donde la falta de comunicación de Javier y la falta de proactividad del equipo se alimentan mutuamente.

Aplicación del principio de circularidad

La terapeuta sistémica, al aplicar la circularidad, se enfoca en:

  1. Identificar las contribuciones mutuas al problema: En lugar de asignar la “culpa” (como hacen entre ellos) a uno solo, se explora cómo tanto Javier como el equipo contribuyen al ciclo de incomunicación.

  1. Explorar las expectativas no dichas: Se analiza cómo la falta de claridad por parte de Javier está siendo interpretada de manera errónea por el equipo y cómo la falta de retroalimentación de los empleados aumenta la frustración de Javier.

  1. Modificar las interacciones:

    - Se trabaja con Javier para que sea más claro y explícito en sus expectativas y fomente un ambiente donde el equipo se sienta cómodo para expresar dudas

    - Se anima a los empleados a proponer preguntas, buscar clarificaciones y ofrecer retroalimentación de manera abierta y respetuosa, en lugar de esperar a que las instrucciones sean perfectas desde el inicio.

Al modificar este patrón circular, Javier comienza a dar instrucciones más claras y escucha más activamente las preocupaciones del equipo. Los empleados, al sentirse más seguros para comunicarse, mejoran su rendimiento y su capacidad para alinear su trabajo con las expectativas de Javier. Este cambio en las dinámicas de comunicación interrumpe el ciclo de frustración mutua y mejora el ambiente de trabajo y la productividad del equipo.


En resumen, la terapia sistémica nos invita a mirar más allá de los síntomas visibles y explorar las raíces profundas de nuestras dificultades. Al integrar esta perspectiva en la vida cotidiana, podemos desarrollar una comprensión más amplia de nuestras relaciones, liberar patrones disfuncionales y crear sistemas más equilibrados y saludables, teniendo en cuenta incluso las estructuras culturales. Como dice John Donne en la cita que encabeza el artículo “ningún hombre es una isla”.


Nuria Molina Amate

 
Película: "el arbol de la vida" (2011)
De Terrence Malick que retrata la complejidad de las relaciones familiares, el impacto de las figuras parentales y la búsqueda de significado en el contexto de un sistema familiar.
Programa de radio Emociona't d'Espai Reconeixer i Ràdio Vilamajor: Episodio 25/11/2024
Libro Sin raíces no hay alas. La terapia sistémica de Bert Hellinger. Autor Bertold Ulsamer, Editorial Luciérnaga (2004)

            

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